¡Feliz 2009 para todos!
El saludo llega un poco tarde, pero la intención sigue siendo igual de buena. Y, para acompañar el saludo, les dejo otro cuento.
El saludo llega un poco tarde, pero la intención sigue siendo igual de buena. Y, para acompañar el saludo, les dejo otro cuento.
Recuerda
“Recuerda”, le dijo la voz en su cabeza. “Por sobre todo, recuerda.”
Él, con los ojos abiertos, muy abiertos, miraba el vacío. La voz se apagó, pero aquella palabra se repetía en su mente.
“Recuerda.”
Él seguía sin saber qué, y todavía era incapaz de cerrar los ojos. Frente a él se extendía uno de los paisajes más desoladores que había visto. Ni siquiera se podía comparar con un desierto, donde habría dunas. Allí no había nada. El suelo era liso, del mismo color de la arena, pero demasiado uniforme, demasiado firme. El horizonte, una fina línea a lo lejos. Sin importar hacia donde mirara, todo era igual a su alrededor: liso, uniforme y eterno. Pero él tendría que haber llegado allí de alguna manera. ¿Cómo?
“Recuerda,” se dijo así mismo, pero todo lo que había en su mente era una voz extraña y metálica que lo apremiaba para que recordara.
Él alzó la vista hacia el cielo: un sol redondo y naranja brillaba en lo alto. “¿Pero qué?”, se dijo a sí mismo sin dejar de contemplar el astro. “¿Qué es lo que debo recordar?” Comenzó a caminar, no importaba hacia dónde. Ninguna sombra se proyectaba a su alrededor, y él no sabía si avanzaba o no, o si al menos el tiempo lo hacía.
“Recuerda”, le dijo la voz nuevamente, esta vez con más fuerza.
Él se detuvo, miró a su alrededor. Nada. Estaba solo.
“Recuerda,” repitió la voz.
Él le hizo coro a ese pensamiento: “recuerda,” se dijo a sí mismo. “Por sobre todo lo demás,” continuó la voz…
“Recuerda,” dijeron ambos a la vez.
Él se quedó inmóvil, con los ojos abiertos, mirando el vacío.
“Recuerda,” le dijo la voz una vez más antes de apagarse de nuevo.
Él no sabía qué era lo que debía recordar, pero la voz parecía apagarse cuando se quedaba quieto. Se quedó quieto, con los ojos muy abiertos, pero no había nada que ver. “¿Cómo llegué aquí?”, pensó inútilmente. “¿Dónde estoy? ¿Por qué?” Se volvió, miró a su alrededor otra vez y, sin poder evitarlo, dio un paso.
“Recuerda” le susurró la voz.
Él supo que si daba otro paso, la voz sería más fuerte, pero el mensaje sería el mismo. Se quedó quieto, allí. Donde sea que allí fuera. Debía quedarse quieto y tratar de recordar. “¿Pero qué?”, se preguntó nuevamente. “¿Qué es lo que debo recordar?” Por un momento, casi se mueve, pero se contuvo. “Esto parece una broma,” pensó, y otra vez se volteó.
“Recuerda” murmuró la voz en su mente.
Él se tapó los oídos, aunque el sonido no entraba por allí, ya estaba en su interior.
“Recuerda.”
Él se arrodilló, aún con las manos sobre las orejas. “Esto es un castigo,” se dijo.
“Recuerda,” sonó la voz. “Por sobre todo, recuerda.”
Él presionó, con fuerza, las manos sobre los costados de su cabeza. No podía apagar aquella voz si no se quedaba quieto. No podía hacer nada sin moverse. Pero, de rodillas y con los ojos cerrados, estuvo seguro de algo: esa voz no era su amiga, era su castigo. No sabía por qué, sólo sabía que no quería recordar.
Recuerda
2 comentarios:
Es tan visual... lo pude ver, me gustó mucho.
Gracias, Caroliza :)
¡Un abrazo!
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