Otra vez un cuento algo larguito. No quiero escuchar quejas sobre que es cansador, jejeje... ¡A leer!
La señora Ana
—¿Lo ves? —preguntó Sonia en un susurro.
—Sí —dijo Pedro mientras asentía lentamente—, pero no está solo.
—¿Qué? —dijo Sonia alzando la voz, automáticamente se tapó la boca con ambas manos.
—Shhh —la regañó Pedro—. Hay alguien más en la habitación, pero no alcanzo a ver quién es.
—¿Puedes oír algo? —preguntó Sonia.
Pedro acercó más su oreja al pequeño agujero en la pared.
—Hablan demasiado bajo —dijo—, no alcanzo a distinguir lo que dicen.
—Entonces esperaremos —dijo Sonia—; tal vez yo pueda esperar cerca de la puerta para seguir a esa persona cuando salga.
—¡No! —dijo Pedro entre dientes y la tomó del brazo—. Es demasiado peligroso, ni siquiera deberíamos estar aquí.
—Pero es nuestra oportunidad de hacer algo —dijo Sonia con fervor—. ¿No quieres ser parte de la revolución?
La señora Ana