Esta vez, les dejo un cuento un poco más larguito que el anterior. La presentación sigue siendo cortita.
El taxi
Ya era de día, pero las veredas aún estaban desiertas.
«Qué raro», pensó Teresa mientras salía de su edificio y entraba en el taxi que la esperaba.
Trabó la puerta, subió la ventana y, recién entonces, saludó al chofer.
—¿Sabe a dónde vamos?
El taxista asintió en silencio y arrancó. Teresa se acomodó en el asiento, mirando hacia todos lados. Tampoco había autos en la calle. Se fijó la hora: eran las ocho de la mañana.
«¿Dónde estarán todos?» se preguntó y echó otro vistazo al reloj y sacó el celular de la cartera. Allí también eran las ocho, y dos minutos. «¿Me habré equivocado de día?»
—Hoy… —dijo lentamente, pero cambió de idea—, mañana va a ser un lindo sábado, ¿no cree?
Esperó ansiosa la confirmación del taxista, pero éste nuevamente solo se limitó a asentir.
Llegaron hasta el primer semáforo, que se puso en rojo al instante. Teresa se removía en su asiento. La avenida estaba vacía, ni siquiera había negocios abiertos. ¿Serían realmente las ocho de la mañana? El sol decía que sí. ¿Sería realmente viernes…? Pero, aunque no lo fuera…
«Qué raro», pensó Teresa mientras salía de su edificio y entraba en el taxi que la esperaba.
Trabó la puerta, subió la ventana y, recién entonces, saludó al chofer.
—¿Sabe a dónde vamos?
El taxista asintió en silencio y arrancó. Teresa se acomodó en el asiento, mirando hacia todos lados. Tampoco había autos en la calle. Se fijó la hora: eran las ocho de la mañana.
«¿Dónde estarán todos?» se preguntó y echó otro vistazo al reloj y sacó el celular de la cartera. Allí también eran las ocho, y dos minutos. «¿Me habré equivocado de día?»
—Hoy… —dijo lentamente, pero cambió de idea—, mañana va a ser un lindo sábado, ¿no cree?
Esperó ansiosa la confirmación del taxista, pero éste nuevamente solo se limitó a asentir.
Llegaron hasta el primer semáforo, que se puso en rojo al instante. Teresa se removía en su asiento. La avenida estaba vacía, ni siquiera había negocios abiertos. ¿Serían realmente las ocho de la mañana? El sol decía que sí. ¿Sería realmente viernes…? Pero, aunque no lo fuera…
El taxi