Hoy es día de cuento. ¿Qué más se puede añadir a esa presentación?
No me traicionarás
—Sabes lo que te sucederá si me traicionas—. Gabriel habló casi en un susurro, de espaldas a Juan, pero éste se sobresaltó.
—Yo nunca…
—Solo quería que lo recordaras.
Gabriel se volvió y se dejó caer en el sofá, sin apartar los ojos de su subordinado.
Juan se encogió, bajó la vista.
—Lo sé —susurró.
Gabriel se recostó y alzó los largos dedos de su mano donde apoyó la cabeza.
—Puedes irte.
Juan tuvo que despegar los pies del suelo mientras farfullaba unas apresuradas gracias. Le llevó una vida llegar hasta la puerta, y solo respiró cuando la cerró tras él. Aun así sintió un escalofrío al echarle una última mirada.
Recorrió los extensos pasillos hacia la salida en solitario. El único sirviente de su amo aparecía nada más que para dejarlos entrar, nunca para permitirles salir. Juan alcanzó la entrada sin prestar atención a su camino.
Fuera, lo recibió una noche de invierno. Se levantó las solapas del abrigo, hundió las manos en los bolsillos y agachó la cabeza para embestir la noche.
—Yo nunca…
—Solo quería que lo recordaras.
Gabriel se volvió y se dejó caer en el sofá, sin apartar los ojos de su subordinado.
Juan se encogió, bajó la vista.
—Lo sé —susurró.
Gabriel se recostó y alzó los largos dedos de su mano donde apoyó la cabeza.
—Puedes irte.
Juan tuvo que despegar los pies del suelo mientras farfullaba unas apresuradas gracias. Le llevó una vida llegar hasta la puerta, y solo respiró cuando la cerró tras él. Aun así sintió un escalofrío al echarle una última mirada.
Recorrió los extensos pasillos hacia la salida en solitario. El único sirviente de su amo aparecía nada más que para dejarlos entrar, nunca para permitirles salir. Juan alcanzó la entrada sin prestar atención a su camino.
Fuera, lo recibió una noche de invierno. Se levantó las solapas del abrigo, hundió las manos en los bolsillos y agachó la cabeza para embestir la noche.
No me traicionarás